Hay heridas que no se ven… pero que pesan.
Se esconden detrás de una sonrisa, detrás del cansancio, detrás de esa sensación de que “algo falta”.
Tal vez es el dolor de una pérdida, un cambio que te sacudió, un diagnóstico inesperado o simplemente la acumulación de años cuidando de todos menos de ti.
Y es que, aunque te digan que “el tiempo lo cura todo”, yo sé —porque lo viví— que el tiempo solo ordena lo que tú te atreves a mirar y sanar.